8 de enero de 2025

Transmitía la noticia del fallecimiento de nuestro ya añorado Profesor a una querida amiga que, en su vida universitaria, asistió con regularidad a los seminarios de pensamiento político que Dalmacio Negro dirigía con una auctoritas real, pero a primera vista imperceptible, propia de a quien le es reconocida por sus interlocutores una singular ascendencia. Aquella noticia fue recibida con rictus serio, duro; con la mirada fija, ojos grandes, reflejo de una quemazón que duele muy adentro. Me hablaba de cómo el trato cercano con don Dalmacio y su magisterio, en cierta medida, habían salvado su periplo por la facultad. Libros, alguna anécdota y al poco le brotaron lágrimas no de esas que uno ve caer como rodando y se atrevería a secar con pudor, sino de aquellas que parecen inundar la entera mejilla desbordándola.







